Se desarrolla, sobre todo, a partir de Madrid. Se caracteriza por su enrome riqueza decorativa, comparable a que se da en Alemania. Podemos ver varias etapas: Un primer barroco, todavía italianizante, correspondiente a la segunda mitad del XVII, un segundo barroco mucho más expresivo, que casi enlaza con el expresionismo gótico e incluso con el recuerdo musulmán que no se había perdido totalmente y por último el Barroco propiamente dicho, que se le ha denominado ornamental (incluso churrigueresco) que se desarrollará a fines del XVII y todo el XVIII.
PRIMER BARROCO
SEGUNDO BARROCO
En Andalucía, ALONSO CANO, pintor y escultor , inicia la tendencia hacia el segundo periodo de la arquitectura barroca española, y a quien se deben numerosos retablos y la Fachada de la catedral de Granada, con tres grandes arcos de medio punto que cobijan sendos paramentos divididos en dos cuerpos. Se le atribuye la iglesia de Santa María Magdalena, donde aplica sus característicos adornos, constituidos por tableros recortados y lisos sobre los que coloca la ornamentación vegetal de hojas carnosas.

En Salamanca y Madrid trabajaron los hermanos Churriguera (Alberto y José). Inicia su obra con un gran conjunto escenográfico, el catafalco de María Luisa de Orleans, que le dio gran fama. Maestro mayor de las obras de la catedral de Salamanca, es en esta ciudad donde deja sus obras más características. Se distingue por sus magníficos retablos, formados generalmente por grandes columnas salomónicas, recubiertas de pámpanos y flores, que sostienen un movido entablamento, todo ello totalmente cubierto por exuberante decoración dorada y policromada, de gran efecto de riqueza. Es PEDRO DE RIBERA (m. 1742) el arquitecto más representativo de este período por la riqueza decorativa de sus fachadas, en las que se prodigan los estípites, cortinajes, molduras de sección asimétrica y otros múltiples detalles que prestan al conjunto un gran efecto escenográfico.

En el resto de España sobresalen la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago, de FERNANDO CASAS NOVOA; la iglesia de Loyola, trazada por el italiano CARLOS FONTANA; la fachada del Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia, la más barroca entre las levantinas, y las obras andaluzas de HURTADO IZQUIERDO (Sacristía de la Cartuja de Granada) y LEONARDO FICUEROA (Colegio de San Telmo, Iglesia de San Luis, Sevilla).
Podemos hablar de una última etapa, más emparantada con la nueva casa reinante (los borbones), de raíz italiana y academicista, sin entronque con el barroco nacional de Pedro de Ribera. Se inicia con la obra de TEODORO ARDEMÁNS, que en 1721 comienza la construcción del Palacio de San Ildefonso, en La Granja, siguiendo el patrón del palacio francés, con sus correspondientes jardines en armonía con las líneas arquitectónicas del palacio, diferenciándose únicamente del tipo francés versallesco en la importancia que se concede a la iglesia.
Fue JUAN BAUTISTA SACCHETTI el autor de la traza del actual Palacio Real, comenzando las obras en 1738, de planta cuadrada con salientes en los ángulos, gran patio central y un saliente en la parte media de la fachada posterior, correspondiente a la capilla. En alzado se levanta un orden gigante de columnas compuestas y pilastras sobre alto zócalo almohadillado, rematando en antepecho coronado por estatuas de los reyes de España. Al mismo tiempo corresponde el Palacio Real de Aranjuez, en el que trabajó GlÁCOMO BONAVIA, a quien se debe la original iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Madrid, con fachada convexa e interior con riquísima ornamentación de estuco y pinturas.
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