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miércoles, 16 de febrero de 2011
La arquitectura Barroca
BARROCO
Hablar de Barroco es hablar de un estilo un tanto complejo, muchas veces ha sido postergado, incluso se ha llegado a hablar de “mal gusto”. El Renacimiento ya había llegado a una gran barroquización, el Manierismo había exacerbado la intelectualidad y había alterado en equilibrio, por eso hasta los años 60 del pasado siglo se veía al Barroco como una continuación de ese fenómeno de distorsión, como una ruptura con el Renacimiento.
El barroco se inicia en Roma, en el último tercio del siglo XVI, afirmándose y extendiéndose por el resto de Europa en la centuria siguiente.
Lo que si ocurre es que existe una oposición frente al Renacimiento. Desorden frente a orden, anticlasicismo frente a clasicismo, subjetividad, distorsión y antinormatividad frente a objetividad y normalidad. Pero todo ello hay que relacionarlo con el mundo formal, ya que hay una modificación del lenguaje ante el ascenso de una nueva sociedad (absolutismo, contrarreforma…), pero sobre todo hay una nueva finalidad, que es atraer la atención, subyugar, impresionar, lo importante es un lenguaje de la apariencia que capte atención. Es el momento de los grandes teatros, de la música, no solo religiosa sino de Corte, del urbanismo, en fin del espectáculo, por ello aparecen la “procesión”, lo ornamental, lo sensorial y efectista, todo en aras de la propaganda del Poder, sea religioso o profano.
ARQUITECTURA
En el barroco la arquitectura prevalece sobre cualquier otra manifestación artística; la escultura y la pintura concurren al efecto plástico y fastuoso del conjunto. En la arquitectura la línea curva, dinámica, es la dominante. El conjunto arquitectónico obra en función del espacio infinito, moviéndose las fachadas y plantas, de forma que se incluyen en el espacio por sus entrantes y salientes. Se eluden las formas geométricas, definidas, del Renacimiento; el edificio forma parte del espacio que le circunda, se construye en función de la plaza, de la calle o del paisaje en que se sitúa. La fachada adquiere, a veces, independencia en cuanto a la construcción, pero no en cuanto a lo que le rodea. Las líneas constructivas desaparecen en la abundante ornamentación, o se desvirtúan por el agitado movimiento de los entablamentos y cornisas, o por la ilógica disposición de los soportes. Se utilizan columnas salomónicas, soportes extremadamente estrechos en su parte inferior (estípites), frontones quebra¬dos, arcos de las más diversas formas, nichos en los que se agitan las estatuas. A la lógica estática del Renacimiento ha sucedido la agitada dinámica de las masas constructivas, en las que cada elemento existe en función del todo, y en la que la luz, con sus agudos efectos de claroscuro, adquiere una capital importancia.
En los conjuntos religiosos, si bien persiste el tipo de la iglesia de Vignola, ampliamente utilizado por los jesuitas, se difunden igualmente las plantas elípticas, circulares o mixtilíneas, profusamente decoradas, con esculturas, relieves y pinturas que contribuyen al efecto escenográfico buscado por el arquitecto barroco, que en las construcciones civiles se manifiestan, fundamentalmente, en los jardines, en los que el agua—fuentes y cascadas—adquiere una capital importancia, sobre todo en el siglo XVIII, realzando la belleza de las formas arquitectónicas.
GIAN LORENZO BERNINI (1598-1680) es el artista representativo del barroco, cuya actividad innovadora se extiende tanto en el terreno de la arquitectura como en la escultura. Su primera obra importante de carácter arquitectónico fue el Baldaquino de San Pedro, elevado sobre la tumba del apóstol, y comenzado en 1624.
Tiene cuatro columnas salomónicas, que sostienen un ondulado entablamento sobre el que se alzan cuatro volutas convergentes, rematando en una bola con una cruz. Crea un altar al espíritu Santo y la “Cátedra” de la Iglesia, para pasar de lo terrenal a lo celestial. Todo él es de bronce, del atrio del Panteón de Agripa, encima hay mármoles, que producen un cambio de color para rematarlo con bronce de nuevo y en medio una cristalera en forma oval, que representa la inmaterialidad del Espíritu Santo. Pero su obra más grandiosa es la columnata de San Pedro, comenzada en 1656, constituida por dos inmensas alas de cuatro series de columnas cada una, que después de un primer trozo rectilíneo se abren en inmensa elipsis, prestando un magnífico efecto a la fachada de la basílica de San Pedro. El juego de masas en busca del efecto escenográfico..
FRANCISCO CASTELLI, IL BORROMINI, (1599-1667) inicia su carrera artística como escultor, colaborando con Carlos Maderno. Dotado de un temperamento más apasionado e inquieto que el Bernini, imprime a las masas arquitectónicas un dinamismo drástico, que, subordinado a su audaz fantasía y a su técnica, crea conjuntos de efectos lumínicos y espaciales como ningún otro. Hacia el 1632 ejecuta su primera obra, la Columnata del Palacio Spada, en la que, para aumentar el efecto de profundidad, disminuye las distancian de los intercolumnios en las últimas columnas. En 1640 comienza la iglesia de San Carlo alle quattro fontane (San Carlino), su obra maestra, con singular planta elíptica y capillas radiales, cubierta con cúpula revestida de casetones y con ojos de buey; al exterior, la movida fachada de planta ondulada es la más característica expresión de su estilo, en cuyos dos cuerpos las columnas, los profundos nichos con estatuas, los vanos —puertas y ventanas—-, la balaustrada del remate, interrumpida por el gran medallón oval, producen hondos efectos lumínicos, a lo que contribuye las movidas líneas del campanario y cúpula..
En Francia con Luis XIV el arte francés adquiere carácter oficial. Se fundan las Academias Reales, que han de señalar las directrices a que han de someterse los artistas. En 1648 se funda la Academia Real de Pintura y Escultura. En 1666, la Academia de Francia en Roma. Y en 1671, la Academia Real de Arquitectura. Es el primer pintor de Luis XIV, LEBRUN, el que ejerce la fiscalización en todas las ramas de las Bellas Artes. El estilo Luis XIV se distingue por la severidad clásica en sus fachadas uniformes y simétricas, con frecuencia en total desacuerdo con la distribución interior. Se llega a crear un nuevo tipo de capitel formado por dos volutas, en cuyo centro se colocan la flor de lis y el sol de Luis XIV entre dos gallos batiendo las alas. En los interiores, en cambio, se prodigan los ricos elementos ornamentales, en los que predominan las curvas, pero siempre manteniendo una rígida simetría.
En París, en esta época, se saca a concurso la terminación del palacio del Louvre, al que asiste Bernini con un proyecto que fue rechazado; es CLAUDE PERRAULT quien construye la magnífica columnata de su fachada.
Pero, es la construcción del palacio de Versalles la empresa arquitectónica fundamental del reinado de Luis XIV, cuyo origen fue un modesto pabellón de caza, obra de LE ROY, de tiempos de Luis XIII, Emprende la construcción el arquitecto LEVAU, a quien sucedió JULES-HARDOUIN MANSART, el pintor LEBRUN y el jardinero LE NÓTRE. Versalles es el modelo de los palacios europeos del siglo XVIII. En él domina la horizontal, hallándose formado por una serie de salones que enlazan con un gran salón central (Galerías de los Espejos), y con otras numerosas dependencias, tales como la iglesia, de dos pisos, comenzada en 1699 por Mansart y Robert de Cotte, desplazada del eje principal del edificio; el Teatro, etc., en las alas laterales. Completan el conjunto numerosas construcciones accesorias, como las dos Caballerizas y pequeños palacios, como el Trianón y los pabellones de Marly. Contribuyen a los efectos decorativos de la arquitectura los magníficos jardines, trazados por Le-Nótre, con sus escalinatas, plazoletas, fuentes y esculturas.
Hablar de Barroco es hablar de un estilo un tanto complejo, muchas veces ha sido postergado, incluso se ha llegado a hablar de “mal gusto”. El Renacimiento ya había llegado a una gran barroquización, el Manierismo había exacerbado la intelectualidad y había alterado en equilibrio, por eso hasta los años 60 del pasado siglo se veía al Barroco como una continuación de ese fenómeno de distorsión, como una ruptura con el Renacimiento.
El barroco se inicia en Roma, en el último tercio del siglo XVI, afirmándose y extendiéndose por el resto de Europa en la centuria siguiente.
Lo que si ocurre es que existe una oposición frente al Renacimiento. Desorden frente a orden, anticlasicismo frente a clasicismo, subjetividad, distorsión y antinormatividad frente a objetividad y normalidad. Pero todo ello hay que relacionarlo con el mundo formal, ya que hay una modificación del lenguaje ante el ascenso de una nueva sociedad (absolutismo, contrarreforma…), pero sobre todo hay una nueva finalidad, que es atraer la atención, subyugar, impresionar, lo importante es un lenguaje de la apariencia que capte atención. Es el momento de los grandes teatros, de la música, no solo religiosa sino de Corte, del urbanismo, en fin del espectáculo, por ello aparecen la “procesión”, lo ornamental, lo sensorial y efectista, todo en aras de la propaganda del Poder, sea religioso o profano.
ARQUITECTURA
En el barroco la arquitectura prevalece sobre cualquier otra manifestación artística; la escultura y la pintura concurren al efecto plástico y fastuoso del conjunto. En la arquitectura la línea curva, dinámica, es la dominante. El conjunto arquitectónico obra en función del espacio infinito, moviéndose las fachadas y plantas, de forma que se incluyen en el espacio por sus entrantes y salientes. Se eluden las formas geométricas, definidas, del Renacimiento; el edificio forma parte del espacio que le circunda, se construye en función de la plaza, de la calle o del paisaje en que se sitúa. La fachada adquiere, a veces, independencia en cuanto a la construcción, pero no en cuanto a lo que le rodea. Las líneas constructivas desaparecen en la abundante ornamentación, o se desvirtúan por el agitado movimiento de los entablamentos y cornisas, o por la ilógica disposición de los soportes. Se utilizan columnas salomónicas, soportes extremadamente estrechos en su parte inferior (estípites), frontones quebra¬dos, arcos de las más diversas formas, nichos en los que se agitan las estatuas. A la lógica estática del Renacimiento ha sucedido la agitada dinámica de las masas constructivas, en las que cada elemento existe en función del todo, y en la que la luz, con sus agudos efectos de claroscuro, adquiere una capital importancia.
En los conjuntos religiosos, si bien persiste el tipo de la iglesia de Vignola, ampliamente utilizado por los jesuitas, se difunden igualmente las plantas elípticas, circulares o mixtilíneas, profusamente decoradas, con esculturas, relieves y pinturas que contribuyen al efecto escenográfico buscado por el arquitecto barroco, que en las construcciones civiles se manifiestan, fundamentalmente, en los jardines, en los que el agua—fuentes y cascadas—adquiere una capital importancia, sobre todo en el siglo XVIII, realzando la belleza de las formas arquitectónicas.
GIAN LORENZO BERNINI (1598-1680) es el artista representativo del barroco, cuya actividad innovadora se extiende tanto en el terreno de la arquitectura como en la escultura. Su primera obra importante de carácter arquitectónico fue el Baldaquino de San Pedro, elevado sobre la tumba del apóstol, y comenzado en 1624.
Tiene cuatro columnas salomónicas, que sostienen un ondulado entablamento sobre el que se alzan cuatro volutas convergentes, rematando en una bola con una cruz. Crea un altar al espíritu Santo y la “Cátedra” de la Iglesia, para pasar de lo terrenal a lo celestial. Todo él es de bronce, del atrio del Panteón de Agripa, encima hay mármoles, que producen un cambio de color para rematarlo con bronce de nuevo y en medio una cristalera en forma oval, que representa la inmaterialidad del Espíritu Santo. Pero su obra más grandiosa es la columnata de San Pedro, comenzada en 1656, constituida por dos inmensas alas de cuatro series de columnas cada una, que después de un primer trozo rectilíneo se abren en inmensa elipsis, prestando un magnífico efecto a la fachada de la basílica de San Pedro. El juego de masas en busca del efecto escenográfico..
FRANCISCO CASTELLI, IL BORROMINI, (1599-1667) inicia su carrera artística como escultor, colaborando con Carlos Maderno. Dotado de un temperamento más apasionado e inquieto que el Bernini, imprime a las masas arquitectónicas un dinamismo drástico, que, subordinado a su audaz fantasía y a su técnica, crea conjuntos de efectos lumínicos y espaciales como ningún otro. Hacia el 1632 ejecuta su primera obra, la Columnata del Palacio Spada, en la que, para aumentar el efecto de profundidad, disminuye las distancian de los intercolumnios en las últimas columnas. En 1640 comienza la iglesia de San Carlo alle quattro fontane (San Carlino), su obra maestra, con singular planta elíptica y capillas radiales, cubierta con cúpula revestida de casetones y con ojos de buey; al exterior, la movida fachada de planta ondulada es la más característica expresión de su estilo, en cuyos dos cuerpos las columnas, los profundos nichos con estatuas, los vanos —puertas y ventanas—-, la balaustrada del remate, interrumpida por el gran medallón oval, producen hondos efectos lumínicos, a lo que contribuye las movidas líneas del campanario y cúpula..
En Francia con Luis XIV el arte francés adquiere carácter oficial. Se fundan las Academias Reales, que han de señalar las directrices a que han de someterse los artistas. En 1648 se funda la Academia Real de Pintura y Escultura. En 1666, la Academia de Francia en Roma. Y en 1671, la Academia Real de Arquitectura. Es el primer pintor de Luis XIV, LEBRUN, el que ejerce la fiscalización en todas las ramas de las Bellas Artes. El estilo Luis XIV se distingue por la severidad clásica en sus fachadas uniformes y simétricas, con frecuencia en total desacuerdo con la distribución interior. Se llega a crear un nuevo tipo de capitel formado por dos volutas, en cuyo centro se colocan la flor de lis y el sol de Luis XIV entre dos gallos batiendo las alas. En los interiores, en cambio, se prodigan los ricos elementos ornamentales, en los que predominan las curvas, pero siempre manteniendo una rígida simetría.
En París, en esta época, se saca a concurso la terminación del palacio del Louvre, al que asiste Bernini con un proyecto que fue rechazado; es CLAUDE PERRAULT quien construye la magnífica columnata de su fachada.
Pero, es la construcción del palacio de Versalles la empresa arquitectónica fundamental del reinado de Luis XIV, cuyo origen fue un modesto pabellón de caza, obra de LE ROY, de tiempos de Luis XIII, Emprende la construcción el arquitecto LEVAU, a quien sucedió JULES-HARDOUIN MANSART, el pintor LEBRUN y el jardinero LE NÓTRE. Versalles es el modelo de los palacios europeos del siglo XVIII. En él domina la horizontal, hallándose formado por una serie de salones que enlazan con un gran salón central (Galerías de los Espejos), y con otras numerosas dependencias, tales como la iglesia, de dos pisos, comenzada en 1699 por Mansart y Robert de Cotte, desplazada del eje principal del edificio; el Teatro, etc., en las alas laterales. Completan el conjunto numerosas construcciones accesorias, como las dos Caballerizas y pequeños palacios, como el Trianón y los pabellones de Marly. Contribuyen a los efectos decorativos de la arquitectura los magníficos jardines, trazados por Le-Nótre, con sus escalinatas, plazoletas, fuentes y esculturas.
La escultura Barroca
ESCULTURA BARROCA ITALIANA
CARACTERÍSTICAS
Igual que en la segunda mitad del siglo XVI con la imitación de Miguel Angel, la escultura barroca gira en torno a un gran artista: Juan Lorenzo Bernini, cuya influencia se extiende hasta el último tercio del siglo XVIII. En la escultura barrora se rompe el equilibrio miguelangelesco entre la masa y el movimiento en beneficio de éste. La premisa dinámica de la obra dee Miguel Ángel se acentúa de tal forma que las figuras evaden los límites arquitectónicos, extendiéndose en el espacio con gestos teatrales y ampulosos.
No obstante, la escultura barroca se subordina a la arquitectura, buscándose el efecto pintoresco del conjunto. La escultura monumental está concebida para un lugar determinado, y estrechamente relacionada con éste; contribuye a animar la estática arquitectónica, con su movilidad de planos y efectismo en las actitudes y ropajes. Estos se agitan con los consiguientes efectos lumínicos, a lo que contribuye la arquitectura, con sus vanos, y las actitudes teatrales y movidas de las figuras, que suelen evitar la frontalidad. El movimiento se capta en un momento transitorio, haciéndose más inmediata e impetuosa la expresión del contenido psicológico. Se tiende al naturalismo y se tiene especial predilección por la representación del éxtasis místico en la escultura religiosa. En las estatuas ecuestres se prefiere la representación del caballo con las patas delanteras en alto.
BERNINI
La escultura barroca en Italia se inicia en el último tercio del siglo XVI, teniendo sus últimas manifestaciones a fines del segundo tercio del siglo XVIII. Roma es el centro de la escultura barroca. En ésta el escultor más representativo de la escultura barroca italiana es el napolitano JUAN LORENZO BERNINI (1598-1680). Bernini presenta las actividades polifacéticas de los grandes genios—escultor, arquitecto, pintor y decorador—; comienza su obra como escultor colaborando con su padre (Rapto de Proserpina), que le inicia en la práctica de la escultura, mientras estudia los modelos de arte helenístico. En sus obras juveniles inicia ya la tendencia al movimiento, como en el David (1619), representado en el momento de lanzar la honda, con un gesto enérgico y viril. De 1621 es el exquisito grupo de Apolo y Dafne, captado en el momento en que Dafne se convierte en laurel al contacto de los trazos de Apolo. A su época juvenil también pertenecen la estatua de Santa Bibiana, en la iglesia de la Santa en Roma, con profundos efectos lumínicos en los ropajes.
De 1638 es la colosal estatua de San Longino, en el crucero de la Basílica de. San Pedro de Roma, obra típicamente barroca por su gesto teatral con los brazos abiertos, rompiendo toda relación con las formas arquitectónicas, y por los agitadísimos ropajes con que se envuelve. Ocho años más tarde ejecuta su obra maestra y una de las obras capitales de la escultura, El éxtasis de Santa Teresa, en la Capilla Cornaro de Santa-María-della-Vittoria, de Roma, en la que sigue al pie de la letra la descripción de los místicos arrebatos de la Santa, en los que se sentía desfallecer de dolor o placer, por el ardiente dardo que el ángel le clavaba en el corazón.
ESCULTURA BARROCA EN ESPAÑA
CARACTERÍSTICAS
En el siglo XVII la imaginería española adquiere universal prestigio. Su característica fundamental es la policromía sobre madera, que mediante la encarnación y el estofado se presta a los maravillosos efectos, en los que se aúnan conjuntamente el esplendor y el sentimiento religioso. Esto se traduce en las numerosísimas imágenes y retablos que inundan las iglesias y conventos. Estas imágenes se llenan de realismo que se refleja en el naturalismo en gestos y actitudes, huyendo de la expresión idealizada de los clásicos. Son esculturas de tipo popular—retablos e imágenes para iglesias y conventos, imágenes para pasos de Semana Santa—, en las que la expresión se concentra en los rostros, en las miradas, acentuadas a veces en su realismo, mediante la colocación de ojos y lágrimas de cristal. Envueltas las imágenes en ricas vestiduras, se llega a reducir la talla a cabezas y brazos, pues el resto del cuerpo ha de cubrirse con los amplios mantos procesionales.
Los focos regionales se encuentran en el siglo XVII en Castilla y Andalucía y, en el siuglo XVIII), en Murcia.
CASTILLA
La gran figura, casi única, de la escultura barroca del siglo XVII en Castilla es GREGORIO FERNÁNDEZ (1576-1636), nacido en Galicia y establecido en Valladolid en 1605, donde permanece, salvo breves viajes a Madrid, hasta su muerte. Respecto a su formación, nada se sabe con certeza; cuando lo encontramos establecido en Valladolid ya es un artista completamente formado. Se supone que su maestro fue Francisco de Rincón; pero estilísticamente se relaciona más estrechamente con Juan de Juni, por su perfección en el modelado, las actitudes dramáticas y algún que otro detalle iconográfico. Su diferencia esencial con la contemporánea escuela andaluza estriba en el dramático realismo de sus representaciones, sin soslayar la nota trágica, y en contraste, los rasgos caricaturescos y ridiculizantes de los sayones, en las sacras representaciones de la Pasión. Son característicos los plegados angulosos, casi metálicos, de los paños.
Su primera obra conocida es el Cristo yacente de El Pardo, con las características típicas del desnudo naturalista exquisitamente modelado, cabeza suavemente inclinada hacia la derecha, con la boca y párpados entreabiertos, acentuando la nota trágica mediante la colocación de lágrimas y ojos de cristal. Relacionada con este tema se encuentra una de sus más difundidas y felices creaciones, la Piedad, de la que es ejemplo admirable la del Museo de Valladolid.
ANDALUCÍA
JUAN MARTÍNEZ MONTAÑÉS (1568-1649) es el escultor más representativo de la escuela sevillana del siglo XVII. Nació en Alcalá la Real, hijo de un bordador. Martínez Montañés es un remanso de paz en medio de las trágicas representaciones de la escultura vallisoletana contemporánea. Es clásico en las ordenadas composiciones, en el rítmico equilibrio de las figuras, que se apoyan en una pier¬na con la gracia y el encanto de las mejores esculturas del arte clásico. La corrección, el equilibrio, la belleza son las características generales del estilo de Montañés, que huye de lo desorbitado, del movimiento exagerado, del trágico patetismo. Por eso en sus temas iconográficos, casi exclusivamente religiosos, son los niños sus creaciones preferidas, o figuras como la Inmaculada, presentada con las manos juntas, descansando el cuerpo sobre la pierna derecha, recogiéndose el manto, que cae en grandes y quebrarlos pliegues, y con la mirada dirigida tímidamente hacia el suelo. Pero, no obstante. es profundamente barroco en tanto en cuanto se atiene a la realidad, y así en su obra maestra, el Cristo de la clemencia alcanza un hondo dramatismo.
Es ALONSO CANO (1601-1667) el principal representante de la escuela granadina. Su actividad no se limita al campo de la escultura, sino que es, al mismo tiempo, arquitecto y pintor.
Su formación sevillana le relaciona con la obra de Montañés, como se muestra en el retablo de Santa María de Lebrija (1628-1638), en cuya hierática imagen central, la Virgen con el Niño, se advierten ya algunas de sus peculiares características, tales como la de inclinar la cabeza a la derecha, el manto caído, dejando descubierto el hombro, cruzando en diagonal, el apuntamiento hacia los pies, y la superficie ondulada de los paños, que ha de sustituir a los quebrados plegados de Montañés. En Granada ejecuta sus mejores y más características obras, entre las que se encuentra la pequeña Inmaculada de la catedral, una de las mejores creaciones de la escultura española, se trata de una Virgen casi niña, de composición oval, recogida, un modelo que también emplea en su obra pictórica.
En Murcia, tenemos el escultor más importante del siglo XVIII, FRANCISCO SALZILLO (1707-1783), que nace en Murcia en 1707, hijo del escultor napolitano Vicente Nicolás Salzillo. Educado en el taller de su padre, la temprana muerte de éste le obliga a abandonar su voca¬ción religiosa v atender a las necesidades de la numerosa familia. En el taller de su padre, con la eficaz colaboración de sus hermanos, atiende al gran número de encargos que se le hacen.
En su numerosa obra es frecuente distinguir tres etapas. En la primera, que se extiende desde la muerte del padre hasta el año de su casamiento (1746), sigue las tendencias iniciadas en la obra del padre, y a la que corresponden las imágenes del Convento de Santo Domingo y el grupo de las Angustias de la parroquia de San Bartolomé, la obra maes¬tra de este período. Es a la segunda etapa (1746-1765) a la que corresponden sus obras más personales y mejores, constituidas fundamentalmente por la serie de imágenes para los pasos de la Semana Santa, entre los que se distinguen La Caída (1752), el de la Oración del Huerto, La Cena, El Prendimiento y las imágenes procesionales de la Verónica, San Juan y la Dolorosa. A partir de 1765 la participación del taller es mayor, como se advierte en el Paso de los Azotes, de 1777. También sobresale en la ejecución de pequeñas figurillas para los Nacimientos, entonces tan en boga, y del que es el mejor ejemplar el Belén del Museo Provincial de Murcia, compuesto por cerca de un millar de pequeñas figuras.
CARACTERÍSTICAS
Igual que en la segunda mitad del siglo XVI con la imitación de Miguel Angel, la escultura barroca gira en torno a un gran artista: Juan Lorenzo Bernini, cuya influencia se extiende hasta el último tercio del siglo XVIII. En la escultura barrora se rompe el equilibrio miguelangelesco entre la masa y el movimiento en beneficio de éste. La premisa dinámica de la obra dee Miguel Ángel se acentúa de tal forma que las figuras evaden los límites arquitectónicos, extendiéndose en el espacio con gestos teatrales y ampulosos.
No obstante, la escultura barroca se subordina a la arquitectura, buscándose el efecto pintoresco del conjunto. La escultura monumental está concebida para un lugar determinado, y estrechamente relacionada con éste; contribuye a animar la estática arquitectónica, con su movilidad de planos y efectismo en las actitudes y ropajes. Estos se agitan con los consiguientes efectos lumínicos, a lo que contribuye la arquitectura, con sus vanos, y las actitudes teatrales y movidas de las figuras, que suelen evitar la frontalidad. El movimiento se capta en un momento transitorio, haciéndose más inmediata e impetuosa la expresión del contenido psicológico. Se tiende al naturalismo y se tiene especial predilección por la representación del éxtasis místico en la escultura religiosa. En las estatuas ecuestres se prefiere la representación del caballo con las patas delanteras en alto.
BERNINI
La escultura barroca en Italia se inicia en el último tercio del siglo XVI, teniendo sus últimas manifestaciones a fines del segundo tercio del siglo XVIII. Roma es el centro de la escultura barroca. En ésta el escultor más representativo de la escultura barroca italiana es el napolitano JUAN LORENZO BERNINI (1598-1680). Bernini presenta las actividades polifacéticas de los grandes genios—escultor, arquitecto, pintor y decorador—; comienza su obra como escultor colaborando con su padre (Rapto de Proserpina), que le inicia en la práctica de la escultura, mientras estudia los modelos de arte helenístico. En sus obras juveniles inicia ya la tendencia al movimiento, como en el David (1619), representado en el momento de lanzar la honda, con un gesto enérgico y viril. De 1621 es el exquisito grupo de Apolo y Dafne, captado en el momento en que Dafne se convierte en laurel al contacto de los trazos de Apolo. A su época juvenil también pertenecen la estatua de Santa Bibiana, en la iglesia de la Santa en Roma, con profundos efectos lumínicos en los ropajes.
De 1638 es la colosal estatua de San Longino, en el crucero de la Basílica de. San Pedro de Roma, obra típicamente barroca por su gesto teatral con los brazos abiertos, rompiendo toda relación con las formas arquitectónicas, y por los agitadísimos ropajes con que se envuelve. Ocho años más tarde ejecuta su obra maestra y una de las obras capitales de la escultura, El éxtasis de Santa Teresa, en la Capilla Cornaro de Santa-María-della-Vittoria, de Roma, en la que sigue al pie de la letra la descripción de los místicos arrebatos de la Santa, en los que se sentía desfallecer de dolor o placer, por el ardiente dardo que el ángel le clavaba en el corazón.
ESCULTURA BARROCA EN ESPAÑA
CARACTERÍSTICAS
En el siglo XVII la imaginería española adquiere universal prestigio. Su característica fundamental es la policromía sobre madera, que mediante la encarnación y el estofado se presta a los maravillosos efectos, en los que se aúnan conjuntamente el esplendor y el sentimiento religioso. Esto se traduce en las numerosísimas imágenes y retablos que inundan las iglesias y conventos. Estas imágenes se llenan de realismo que se refleja en el naturalismo en gestos y actitudes, huyendo de la expresión idealizada de los clásicos. Son esculturas de tipo popular—retablos e imágenes para iglesias y conventos, imágenes para pasos de Semana Santa—, en las que la expresión se concentra en los rostros, en las miradas, acentuadas a veces en su realismo, mediante la colocación de ojos y lágrimas de cristal. Envueltas las imágenes en ricas vestiduras, se llega a reducir la talla a cabezas y brazos, pues el resto del cuerpo ha de cubrirse con los amplios mantos procesionales.
Los focos regionales se encuentran en el siglo XVII en Castilla y Andalucía y, en el siuglo XVIII), en Murcia.
CASTILLA
La gran figura, casi única, de la escultura barroca del siglo XVII en Castilla es GREGORIO FERNÁNDEZ (1576-1636), nacido en Galicia y establecido en Valladolid en 1605, donde permanece, salvo breves viajes a Madrid, hasta su muerte. Respecto a su formación, nada se sabe con certeza; cuando lo encontramos establecido en Valladolid ya es un artista completamente formado. Se supone que su maestro fue Francisco de Rincón; pero estilísticamente se relaciona más estrechamente con Juan de Juni, por su perfección en el modelado, las actitudes dramáticas y algún que otro detalle iconográfico. Su diferencia esencial con la contemporánea escuela andaluza estriba en el dramático realismo de sus representaciones, sin soslayar la nota trágica, y en contraste, los rasgos caricaturescos y ridiculizantes de los sayones, en las sacras representaciones de la Pasión. Son característicos los plegados angulosos, casi metálicos, de los paños.
Su primera obra conocida es el Cristo yacente de El Pardo, con las características típicas del desnudo naturalista exquisitamente modelado, cabeza suavemente inclinada hacia la derecha, con la boca y párpados entreabiertos, acentuando la nota trágica mediante la colocación de lágrimas y ojos de cristal. Relacionada con este tema se encuentra una de sus más difundidas y felices creaciones, la Piedad, de la que es ejemplo admirable la del Museo de Valladolid.
ANDALUCÍA
JUAN MARTÍNEZ MONTAÑÉS (1568-1649) es el escultor más representativo de la escuela sevillana del siglo XVII. Nació en Alcalá la Real, hijo de un bordador. Martínez Montañés es un remanso de paz en medio de las trágicas representaciones de la escultura vallisoletana contemporánea. Es clásico en las ordenadas composiciones, en el rítmico equilibrio de las figuras, que se apoyan en una pier¬na con la gracia y el encanto de las mejores esculturas del arte clásico. La corrección, el equilibrio, la belleza son las características generales del estilo de Montañés, que huye de lo desorbitado, del movimiento exagerado, del trágico patetismo. Por eso en sus temas iconográficos, casi exclusivamente religiosos, son los niños sus creaciones preferidas, o figuras como la Inmaculada, presentada con las manos juntas, descansando el cuerpo sobre la pierna derecha, recogiéndose el manto, que cae en grandes y quebrarlos pliegues, y con la mirada dirigida tímidamente hacia el suelo. Pero, no obstante. es profundamente barroco en tanto en cuanto se atiene a la realidad, y así en su obra maestra, el Cristo de la clemencia alcanza un hondo dramatismo.
Es ALONSO CANO (1601-1667) el principal representante de la escuela granadina. Su actividad no se limita al campo de la escultura, sino que es, al mismo tiempo, arquitecto y pintor.
Su formación sevillana le relaciona con la obra de Montañés, como se muestra en el retablo de Santa María de Lebrija (1628-1638), en cuya hierática imagen central, la Virgen con el Niño, se advierten ya algunas de sus peculiares características, tales como la de inclinar la cabeza a la derecha, el manto caído, dejando descubierto el hombro, cruzando en diagonal, el apuntamiento hacia los pies, y la superficie ondulada de los paños, que ha de sustituir a los quebrados plegados de Montañés. En Granada ejecuta sus mejores y más características obras, entre las que se encuentra la pequeña Inmaculada de la catedral, una de las mejores creaciones de la escultura española, se trata de una Virgen casi niña, de composición oval, recogida, un modelo que también emplea en su obra pictórica.
En Murcia, tenemos el escultor más importante del siglo XVIII, FRANCISCO SALZILLO (1707-1783), que nace en Murcia en 1707, hijo del escultor napolitano Vicente Nicolás Salzillo. Educado en el taller de su padre, la temprana muerte de éste le obliga a abandonar su voca¬ción religiosa v atender a las necesidades de la numerosa familia. En el taller de su padre, con la eficaz colaboración de sus hermanos, atiende al gran número de encargos que se le hacen.
En su numerosa obra es frecuente distinguir tres etapas. En la primera, que se extiende desde la muerte del padre hasta el año de su casamiento (1746), sigue las tendencias iniciadas en la obra del padre, y a la que corresponden las imágenes del Convento de Santo Domingo y el grupo de las Angustias de la parroquia de San Bartolomé, la obra maes¬tra de este período. Es a la segunda etapa (1746-1765) a la que corresponden sus obras más personales y mejores, constituidas fundamentalmente por la serie de imágenes para los pasos de la Semana Santa, entre los que se distinguen La Caída (1752), el de la Oración del Huerto, La Cena, El Prendimiento y las imágenes procesionales de la Verónica, San Juan y la Dolorosa. A partir de 1765 la participación del taller es mayor, como se advierte en el Paso de los Azotes, de 1777. También sobresale en la ejecución de pequeñas figurillas para los Nacimientos, entonces tan en boga, y del que es el mejor ejemplar el Belén del Museo Provincial de Murcia, compuesto por cerca de un millar de pequeñas figuras.
La Pintura Barroca Holandesa
CARACTERÍSTICAS
A fines del siglo XVI, con la independencia política que de hecho obtienen las Provincias Unidas que integran Holanda, se produce también la independencia artística. Las creencias religiosas—protestantes—determinan la casi total desaparición de los temas religiosos en las representaciones, a la vez que la severidad de las costumbres imposibilita el desarrollo de los temas mitológicos. El artista holandés se dedica a retratar a sus contemporáneos y a su propio país. Se prodigan los retratos individuales, y principalmente los retratos colectivos de las corporaciones: la milicia armada, médicos, regentes de hospitales, etc.; pero siempre representados en acción: banquetes de arcabuceros, lecciones de anatomía, reuniones consultivas, etc. Y, paralelamente, el pintor holandés retrata a su país, en deliciosos interiores, magníficos por sus estudios de la luz, máximos exponentes de la plácida y ordenada vida cotidiana holandesa de mediados del siglo XVII, fundamentados estos retratos de interiores en temas banales, tales como la lectura de una carta, la reconvención paternal, la lección de música, la madre cuidando al niño, etc. En otras ocasiones son los anchos y dilatados paisajes de Holanda, con su cielo claro, sus prados, sus molinos y canales, o bien simplemente la figura fie un animal, como en la célebre obra de Paul Potter (El Toro, La Haya), los temas preferidos por el pintor.
Los grandes maestros son Frans Hals, Rembrandt y escuelas locales: Harlem, Delft y Amsterdam.
FRANS HALS (1585-1666) creará los retratos de corporaciones, característicos del arte holandés, y en los que las figuras se hallan relacionadas unas con otras. En su primera etapa pinta retratos de personas aisladas, como la bruja Hille Bobbe, o placenteras escenas de alegre colorido, como su autorretrato, acompañado de su segunda mujer. Pero es en el retrato colectivo donde triunfa, iniciado con el Banquete de Arcabuceros de San Adriano, de colores vivos, que al fin de su vida se trueca en tétrica sinfonía en negro y blanco, reflejo de la miseria que rodea al artista, como en sus dos obras maestras Los regentes del Hospicio de Ancianos y Los regentes del Hospital de mujeres, ambas en el Museo de Harlem.
El tema de los interiores fue tratado especialmente por las escuelas de Harlem y Leyden, adviniéndose la influencia de los pintores luministas italianos. Destacan,
JOHANHES VERMEER DE DELFT (1632-1675) quizá el más representativo de estos pequeños maestros holandeses, pese a lo reducido de su obra, que no llega a medio centenar. Representa figuras aisladas, como la Encajera, del Museo del Louvre, o interiores de un colorido claro, casi sin sombras, con predominio de los tonos amarillos, como la Carta, la Lección de Música, o paisajes con una atmósfera helada, como en la Vista de Delft.
REMBRANDT VAN RIJN (1606-1669) es el pintor más grande de la escuela holandesa. Nace en Leyden en 1606. De 1631 es su primera obra maestra La lección de anatomía del doctor Tulp. En 1634 casa con Saskia, a quien retrata en numerosas ocasiones, llevando una existencia feliz. Con la muerte de Saskia, en 1642, termina esta etapa amable de su vida, iniciándose la ruina que ha de culminar con el embargo de 1656. Rembrandt vive cada día más atento a su vida interior que a un mundo realista que no comprende su arte. Casa por segunda vez con Hendrijke Stoffels, su antigua sirviente. En su vejez, ensombrecida por la miseria, produce sus obras más personales. Muere en 1669, en Amsterdam,
En la pintura holandesa ha existido siempre una constante preocupación por la luz, que al contacto con Caravaggio alcanza sus obras más logradas, con la captación de la visión fantástica de la luz en la noche, con los efectos de luz y sombra. Su arte es paralelo a su vida. A la etapa de su juventud y de su matrimonio con Saskia, corresponden sus más felices creaciones, como retratista, con espléndidas cabezas fuertemente iluminadas (Retrato de hombre, Autorretrato.En retratos familiares expresión de su felicidad matrimonial (Retrato del pintor con Saskia) o en conjuntos, como la justamente famosa Lección de anatomía del Drofesor Tulp. En 1642, año de la muerte de Saskia, realiza una de sus obras maestras La Ronda de Noche, impropiamente llamada así, ya que representa la salida, a pleno día, para un concurso de tiro. A partir de este momento el desacuerdo entre el estilo de Rembrandt y el gusto estético de sus contemporáneos es total.
La Ronda de Noche no agradó. A pesar de ello, Rembrandt continúa acentuando el claroscuro, los efectos lumínicos, logrando composiciones hondamente dramáticas y originales, como los Peregrinos de Emaús y La bendición de Jacob, y profundamente realistas, romo el retrato de los Síndicos del gremio de pañeros y su Autorretrato de hacia 1668.
A fines del siglo XVI, con la independencia política que de hecho obtienen las Provincias Unidas que integran Holanda, se produce también la independencia artística. Las creencias religiosas—protestantes—determinan la casi total desaparición de los temas religiosos en las representaciones, a la vez que la severidad de las costumbres imposibilita el desarrollo de los temas mitológicos. El artista holandés se dedica a retratar a sus contemporáneos y a su propio país. Se prodigan los retratos individuales, y principalmente los retratos colectivos de las corporaciones: la milicia armada, médicos, regentes de hospitales, etc.; pero siempre representados en acción: banquetes de arcabuceros, lecciones de anatomía, reuniones consultivas, etc. Y, paralelamente, el pintor holandés retrata a su país, en deliciosos interiores, magníficos por sus estudios de la luz, máximos exponentes de la plácida y ordenada vida cotidiana holandesa de mediados del siglo XVII, fundamentados estos retratos de interiores en temas banales, tales como la lectura de una carta, la reconvención paternal, la lección de música, la madre cuidando al niño, etc. En otras ocasiones son los anchos y dilatados paisajes de Holanda, con su cielo claro, sus prados, sus molinos y canales, o bien simplemente la figura fie un animal, como en la célebre obra de Paul Potter (El Toro, La Haya), los temas preferidos por el pintor.
Los grandes maestros son Frans Hals, Rembrandt y escuelas locales: Harlem, Delft y Amsterdam.
FRANS HALS (1585-1666) creará los retratos de corporaciones, característicos del arte holandés, y en los que las figuras se hallan relacionadas unas con otras. En su primera etapa pinta retratos de personas aisladas, como la bruja Hille Bobbe, o placenteras escenas de alegre colorido, como su autorretrato, acompañado de su segunda mujer. Pero es en el retrato colectivo donde triunfa, iniciado con el Banquete de Arcabuceros de San Adriano, de colores vivos, que al fin de su vida se trueca en tétrica sinfonía en negro y blanco, reflejo de la miseria que rodea al artista, como en sus dos obras maestras Los regentes del Hospicio de Ancianos y Los regentes del Hospital de mujeres, ambas en el Museo de Harlem.
El tema de los interiores fue tratado especialmente por las escuelas de Harlem y Leyden, adviniéndose la influencia de los pintores luministas italianos. Destacan,
JOHANHES VERMEER DE DELFT (1632-1675) quizá el más representativo de estos pequeños maestros holandeses, pese a lo reducido de su obra, que no llega a medio centenar. Representa figuras aisladas, como la Encajera, del Museo del Louvre, o interiores de un colorido claro, casi sin sombras, con predominio de los tonos amarillos, como la Carta, la Lección de Música, o paisajes con una atmósfera helada, como en la Vista de Delft.
REMBRANDT VAN RIJN (1606-1669) es el pintor más grande de la escuela holandesa. Nace en Leyden en 1606. De 1631 es su primera obra maestra La lección de anatomía del doctor Tulp. En 1634 casa con Saskia, a quien retrata en numerosas ocasiones, llevando una existencia feliz. Con la muerte de Saskia, en 1642, termina esta etapa amable de su vida, iniciándose la ruina que ha de culminar con el embargo de 1656. Rembrandt vive cada día más atento a su vida interior que a un mundo realista que no comprende su arte. Casa por segunda vez con Hendrijke Stoffels, su antigua sirviente. En su vejez, ensombrecida por la miseria, produce sus obras más personales. Muere en 1669, en Amsterdam,
La Ronda de Noche no agradó. A pesar de ello, Rembrandt continúa acentuando el claroscuro, los efectos lumínicos, logrando composiciones hondamente dramáticas y originales, como los Peregrinos de Emaús y La bendición de Jacob, y profundamente realistas, romo el retrato de los Síndicos del gremio de pañeros y su Autorretrato de hacia 1668.
Arquitectura Barroca Española
EL BARROCO ESPAÑOL
Se desarrolla, sobre todo, a partir de Madrid. Se caracteriza por su enrome riqueza decorativa, comparable a que se da en Alemania. Podemos ver varias etapas: Un primer barroco, todavía italianizante, correspondiente a la segunda mitad del XVII, un segundo barroco mucho más expresivo, que casi enlaza con el expresionismo gótico e incluso con el recuerdo musulmán que no se había perdido totalmente y por último el Barroco propiamente dicho, que se le ha denominado ornamental (incluso churrigueresco) que se desarrollará a fines del XVII y todo el XVIII.
PRIMER BARROCO
El primer período de la arquitectura barroca española se extiende aproximadamente hasta fines del segundo tercio del siglo XVII. Tiene su punto de partida en las formas herrerianas difundidas por sus discípulos, caracterizándose, por tanto, por las plantas renacentistas y la sobriedad decorativa, reducida a las características pirámides herrerianas, que se alargan, rematando en las consabidas esferas; y a la colocación de los entablamentos de triglifos pareados o ménsulas de perfil alargado. En Castilla trabaja a principios del siglo JUAN GÓMEZ DE MORA, que traza el Ayuntamiento de Madrid, siendo su obra más importante el Colegio de Jesuítas de Salamanca (La Clerecía).
SEGUNDO BARROCO
En Andalucía, ALONSO CANO, pintor y escultor , inicia la tendencia hacia el segundo periodo de la arquitectura barroca española, y a quien se deben numerosos retablos y la Fachada de la catedral de Granada, con tres grandes arcos de medio punto que cobijan sendos paramentos divididos en dos cuerpos. Se le atribuye la iglesia de Santa María Magdalena, donde aplica sus característicos adornos, constituidos por tableros recortados y lisos sobre los que coloca la ornamentación vegetal de hojas carnosas.
FRANCISCO DE HERRERA EL Mozo es el constructor de la iglesia del Pilar de Zaragoza, cuya primera piedra se colocó en 1681, terminada por Ventura Rodríguez, combina la severidad geométrica de su planta rectangular, con gran cúpula central y otras diez más pequeñas en torno, con la decoración interior.
En Salamanca y Madrid trabajaron los hermanos Churriguera (Alberto y José). Inicia su obra con un gran conjunto escenográfico, el catafalco de María Luisa de Orleans, que le dio gran fama. Maestro mayor de las obras de la catedral de Salamanca, es en esta ciudad donde deja sus obras más características. Se distingue por sus magníficos retablos, formados generalmente por grandes columnas salomónicas, recubiertas de pámpanos y flores, que sostienen un movido entablamento, todo ello totalmente cubierto por exuberante decoración dorada y policromada, de gran efecto de riqueza. Es PEDRO DE RIBERA (m. 1742) el arquitecto más representativo de este período por la riqueza decorativa de sus fachadas, en las que se prodigan los estípites, cortinajes, molduras de sección asimétrica y otros múltiples detalles que prestan al conjunto un gran efecto escenográfico.
En Madrid, donde trabaja principalmente, es su obra maestra la fachada del Hospicio (1772), hoy Museo Municipal, la más típica de este segundo período del barroco; ejecuta también la inacabada iglesia de Montserrat, con su característica torre rematada en movido chapitel; la Fuente de la Fama y varias fachadas de palacios, en las que encuadra el vano por típica moldura, a modo de baquetón gótico, entre las que se distinguen la de los marqueses de Miraflores y la de los Perales, entre otras. El barroquismo llega a sus últimas consecuencias en el célebre Transparente de la catedral de Toledo, obra maestra de NARCISO TOMÉ.
En el resto de España sobresalen la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago, de FERNANDO CASAS NOVOA; la iglesia de Loyola, trazada por el italiano CARLOS FONTANA; la fachada del Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia, la más barroca entre las levantinas, y las obras andaluzas de HURTADO IZQUIERDO (Sacristía de la Cartuja de Granada) y LEONARDO FICUEROA (Colegio de San Telmo, Iglesia de San Luis, Sevilla).
Podemos hablar de una última etapa, más emparantada con la nueva casa reinante (los borbones), de raíz italiana y academicista, sin entronque con el barroco nacional de Pedro de Ribera. Se inicia con la obra de TEODORO ARDEMÁNS, que en 1721 comienza la construcción del Palacio de San Ildefonso, en La Granja, siguiendo el patrón del palacio francés, con sus correspondientes jardines en armonía con las líneas arquitectónicas del palacio, diferenciándose únicamente del tipo francés versallesco en la importancia que se concede a la iglesia.
Fue JUAN BAUTISTA SACCHETTI el autor de la traza del actual Palacio Real, comenzando las obras en 1738, de planta cuadrada con salientes en los ángulos, gran patio central y un saliente en la parte media de la fachada posterior, correspondiente a la capilla. En alzado se levanta un orden gigante de columnas compuestas y pilastras sobre alto zócalo almohadillado, rematando en antepecho coronado por estatuas de los reyes de España. Al mismo tiempo corresponde el Palacio Real de Aranjuez, en el que trabajó GlÁCOMO BONAVIA, a quien se debe la original iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Madrid, con fachada convexa e interior con riquísima ornamentación de estuco y pinturas.
Se desarrolla, sobre todo, a partir de Madrid. Se caracteriza por su enrome riqueza decorativa, comparable a que se da en Alemania. Podemos ver varias etapas: Un primer barroco, todavía italianizante, correspondiente a la segunda mitad del XVII, un segundo barroco mucho más expresivo, que casi enlaza con el expresionismo gótico e incluso con el recuerdo musulmán que no se había perdido totalmente y por último el Barroco propiamente dicho, que se le ha denominado ornamental (incluso churrigueresco) que se desarrollará a fines del XVII y todo el XVIII.
PRIMER BARROCO
SEGUNDO BARROCO
En Andalucía, ALONSO CANO, pintor y escultor , inicia la tendencia hacia el segundo periodo de la arquitectura barroca española, y a quien se deben numerosos retablos y la Fachada de la catedral de Granada, con tres grandes arcos de medio punto que cobijan sendos paramentos divididos en dos cuerpos. Se le atribuye la iglesia de Santa María Magdalena, donde aplica sus característicos adornos, constituidos por tableros recortados y lisos sobre los que coloca la ornamentación vegetal de hojas carnosas.
En Salamanca y Madrid trabajaron los hermanos Churriguera (Alberto y José). Inicia su obra con un gran conjunto escenográfico, el catafalco de María Luisa de Orleans, que le dio gran fama. Maestro mayor de las obras de la catedral de Salamanca, es en esta ciudad donde deja sus obras más características. Se distingue por sus magníficos retablos, formados generalmente por grandes columnas salomónicas, recubiertas de pámpanos y flores, que sostienen un movido entablamento, todo ello totalmente cubierto por exuberante decoración dorada y policromada, de gran efecto de riqueza. Es PEDRO DE RIBERA (m. 1742) el arquitecto más representativo de este período por la riqueza decorativa de sus fachadas, en las que se prodigan los estípites, cortinajes, molduras de sección asimétrica y otros múltiples detalles que prestan al conjunto un gran efecto escenográfico.
En el resto de España sobresalen la fachada del Obradoiro de la catedral de Santiago, de FERNANDO CASAS NOVOA; la iglesia de Loyola, trazada por el italiano CARLOS FONTANA; la fachada del Palacio del Marqués de Dos Aguas, en Valencia, la más barroca entre las levantinas, y las obras andaluzas de HURTADO IZQUIERDO (Sacristía de la Cartuja de Granada) y LEONARDO FICUEROA (Colegio de San Telmo, Iglesia de San Luis, Sevilla).
Podemos hablar de una última etapa, más emparantada con la nueva casa reinante (los borbones), de raíz italiana y academicista, sin entronque con el barroco nacional de Pedro de Ribera. Se inicia con la obra de TEODORO ARDEMÁNS, que en 1721 comienza la construcción del Palacio de San Ildefonso, en La Granja, siguiendo el patrón del palacio francés, con sus correspondientes jardines en armonía con las líneas arquitectónicas del palacio, diferenciándose únicamente del tipo francés versallesco en la importancia que se concede a la iglesia.
Fue JUAN BAUTISTA SACCHETTI el autor de la traza del actual Palacio Real, comenzando las obras en 1738, de planta cuadrada con salientes en los ángulos, gran patio central y un saliente en la parte media de la fachada posterior, correspondiente a la capilla. En alzado se levanta un orden gigante de columnas compuestas y pilastras sobre alto zócalo almohadillado, rematando en antepecho coronado por estatuas de los reyes de España. Al mismo tiempo corresponde el Palacio Real de Aranjuez, en el que trabajó GlÁCOMO BONAVIA, a quien se debe la original iglesia de los Santos Justo y Pastor, en Madrid, con fachada convexa e interior con riquísima ornamentación de estuco y pinturas.
Velázquez (1559-1660)
Nace en Sevilla, en el seno de una famlia de emigrados portugueses. Su formación de pintor se inicia en el taller de Francisco Pacheco, su futuro suegro. Es nombrado pintor de la Corte de Felipe IV siendo aún joven. Este hecho le permitirá estudiar las grandes colecciones reales de pintura y financiarse dos viajes a Italia, cuna del Barroco, donde completará su formación. Recibe gtran influencia de Rubens a quien acompaña en su viaje a Madrid.
Valdés Leal
JUAN DE VALDÉS LEAL (1622-1690) es el más barroco de los pintores españoles. Su actividad se desarolla en torno a Córdoba y Sevilla. Fácil dibujante, es al mismo tiempo uno de los mejores coloristas del siglo. Ya en sus primeras obras, como La Virgen de los Plate¬ros, se advierten las características generales de su estilo, la agitación en los paños y en las figuras, el dinamismo violento, que se maestra de una manera clara y definida en la Derrota de los Sarracenos, uno de los cuadros que hizo hacia 1650 para el convento de las Clarisas de Carmona, al igual que en el San Jerónimo azotado por los ángeles, y las Tentaciones de San Jerónimo.
Pero la fama de Valdés Leal se cimenta fundamentalmente en los cuadros que entre 1671-72 hizo para el Hospital de la Caridad, por encargo del célebre don Miguel de Manara, que constituyen la culminación del barroquismo. Se representa en ellos con escalofriante realismo la vanidad de las cosas del mundo, presentando féretros abiertos con los cadáveres putrefactos (Finis gloriae mundi) y la muerte dominando los arrumbados atributos de la gloria mundana (ln ictu oculi)
Pero la fama de Valdés Leal se cimenta fundamentalmente en los cuadros que entre 1671-72 hizo para el Hospital de la Caridad, por encargo del célebre don Miguel de Manara, que constituyen la culminación del barroquismo. Se representa en ellos con escalofriante realismo la vanidad de las cosas del mundo, presentando féretros abiertos con los cadáveres putrefactos (Finis gloriae mundi) y la muerte dominando los arrumbados atributos de la gloria mundana (ln ictu oculi)
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